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domingo, 2 de mayo de 2010

Los caprichos de los famosos


Anécdotas de millonarios” es el libro del periodista David Escamilla en el que ha recopilado una gran gama de excentricidades por parte de los famosos, quienes derrochan su fortuna a como se les antoje, y para cumplir un simple caprichito.
Una de las más destacadas es la mismisima Paris Hilton quien amante de los animales estuvo dispuesta a desembolsar unos cuantos millones para comprar un trozo de tierra junto al nicho de Marilyn Monroe para enterrar…a su querida cabra.
Y hay más. Otra conocida compradora compulsiva es Victoria Adams, alias la Spice “pija” (Posh), o conocida también como señora Beckham tras su matrimonio con el ahora jugador del Milan. Escamilla relata cómo esta mujer es capaz de gastarse en una tarde de aburrimiento 350.000 euros en ropa y algunos complementos: veinte pares de zapatos Dolce&Gabana, doce pares de gafas Versace o un reloj Rolex.
El recientemente fallecido rey del pop Michael Jackson fue indudablemente un genio de la música, pero según explica el autor del libro la sobriedad no estaba entre sus virtudes. Muchos hubieran pagado por haber paseado por su rancho de Neverland en sus momentos de esplendor -un verdadero Xanadú de la estridencia- donde las momias egipcias, de las que poseía varias, se mezclaban con las estatuas de piedra de los personajes más populares de Walt Disney que decoraban los jardines, combinadas con escenas de la Biblia.
Uno excentrico también es Aaron Spelling, productor de series míticas como “Los ángeles de Charlie” o “Dinastía”- y propietario de una de las mansiones más increíbles de Beverly Hills, cuenta con 123 habitaciones, una bolera, una pista de patinaje sobre hielo, un jardín de rosas en el techo del garaje y dos habitaciones exclusivamente destinadas a envolver regalos.
Y no es nuevo, muchos ricos son maniáticos. Hay algunos que quieren que sus cenizas vuelen al espacio, aquel rico que hereda toda su fortuna a su perro, o aquel que deja la herencia a su viuda, siempre y cuando se vuelva a casar, como dejó en su testamento el poeta alemán Heinrich Heine(1797-1856). “Al menos así habrá un hombre al que le pese mi muerte”, expresó como voluntad.
Fuente: ecodiario.eleconomista.es

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